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Santos diaconosLa mujer del diácono ¿Olvidada?
Recuerdo cuando en Pamplona, asistí a mi primera ordenación diaconal, siendo yo candidato. Me quedó grabada la imagen del lugar que ocupaba el candidato que iba a ser ordenado: estaba en el presbiterio solo sentado en una silla, el presbiterio estaba cerrado por una artística verja, y su mujer al otro lado acompañada por las esposas de diáconos y candidatos que acudieron a la ordenación. Ella no tenía nada que hacer. Yo me preguntaba ¿Cómo es posible que, en este momento tan importante de la vida de este hombre, con más de 20 años casado, su mujer este tan lejos y tan “sola”?
Hoy 1 de mayo llevo 12 años de diácono permanente y me sigue preocupando la situación de nuestras esposas dentro de la organización del diaconado permanente del hombre casado, me da la impresión de que todavía no hemos conseguido situarla donde le corresponde y darle la relevancia que tiene.
Si tomamos el ejemplo de las ordenaciones diaconales, salvando algunas excepciones, al menos en lo que yo conozco, la mujer no tiene prácticamente ninguna presencia. Si la fe vivida se hace rito, es indudable que para el ritual Romano de ordenación, la mujer no tiene nada que decir ni hacer. A través de nuestra publicación he podido ver cómo, al menos, en el ritual de ordenación, en algunas diócesis la mujer está presente, a veces, de manera relevante y, en algunos casos, vemos incluso cómo participa del envío del diácono.
La foto de portada refl